domingo 7 de septiembre de 2008

Madrid y el cielo


He oído a veces hablar del cielo de Madrid, como si de un lugar común se tratase, tan común como la primavera, o el otoño, o la noche en las novelas policíacas. Es el cielo de los cuadros de Goya, de fotografías sepia en tiempos en guerra, de brillantes "españoladas" cinematográficas... El cielo que se cubre con una boina gris algunos días del año, "enfermo de polución". En Madrid -en su cielo y en su suelo- se concentra la vida en toda su diversidad )de esto ya me dí cuenta hace mucho tiempo), la idea nietzscheana de que "la realidad es plural" aquí se torna bastante verdadera (asumiendo el significado de veradd en su forma más subjetiva).
Cada uno ve lo que quiere en el cielo de Madrid, tan común, tan llano, y a la vez tan único; es uno de esos lugares donde lo feo tiene encanto, por su autenticidad, por su completa unicidad. No es revelador que diga esto, sólo basta con observar cómo se trata a Madrid en cualquier manifestación artística propia del mundo cultural español... Madrid siempre es distintito, con varias caras, poliédrico, con un millar de connotaciones... y sin embargo tras este amalgama de sentimientos y visiones, Madrid siempre es Madrid, un mito -falso y real al mismo tiempo, como casi todos los mitos-, especial para muchos, para casi todos, porque es verdad esos que dicen: no hace falta ser de aquí para ser de Madrid; la ciudad de todos, con sus luces y sus sombras; Madrid y su normalidad, sus gente y su cielo. Todos es igual y distinto. Puede que sea la ciudad grande donde la gente es "más de aquí", acoge en su poca monunmentalidad, en su llaneza, porque creo que parece modesta, se parece a nosotros, tiene la misma lúcidez y oscuridad propia de la naturaleza humana, ciudad humanizada, Madrid es una mujer capaz de sorprendernos, castigarnos y admirarnos al mismo tiempo. Pensadlo, esto no es simple prosa disfrazada de sentimentalismo y lírica vulgar, por mi parte hay mucha verdad en esto. Y siempre -decídselo a la persona amada, y más para los de esta península de estíos bravos- nos quedará Madrid, nuestra aunque no lo parezca a simple vista.
Cada uno busca en Madrid lo que quiere, o puede: unos buscan futuro en su cielo, futuro y sueños, vivo temporalmente en un sitio rodedao de gente así... Los de las cuidades pequeñas, tranquilas, -los de las "villas", "villanos" al fin y al cabo-, será por las características propias de nuestra condición de jóvenes expertos e inexpertos -depende del momento y las circunstancias-, tendemos a buscar más, a mirar más allá del cielo de nuestros ciudades porque pensamos que eso es demasiado poco para nosotros, reclamamos "ambiente", queremos aun más estrellas -brillen o no-, necesitamos volar, sin embargo, y aunque a veces he renegado en más de una ocasión de la tranquilidad, incluso pasividad, de la preciosa Cáceres -hoy aún más preciosa-, ayer me di cuenta de que dejaba más cosas en su cielo de lo que imaginaba; porque todos los cielos son iguales, y el cielo es el mismo en todos lados... como el amor es amor en todos lados, la familia es familia en tdodos lados, y la amistad es amistad en todos lados; y el cielo no es más que eso.

Gracias chicas, y, claro, gracias chicos por las madrugadas de agosto. Nos vemos. Abrazos desde Madrid, donde todo es tan distinto como meticulosamente igual.

miércoles 3 de septiembre de 2008

Contraluz III

sábado 30 de agosto de 2008

Mi unicornio azul...

lunes 18 de agosto de 2008

Lumbre


Te lo dije, ¿cuántas veces? Tonta. Boba. La vida está ahí abajo, en las calles; en el mercado central las mañanas de domingo; a la entrada de los cines de verano. La brisa era lo mejor del estío (te encantaba esta palabra), nos gustaba cómo acariciaba nuestros brazos tibios al anochecer; a veces, traía un olor que me parecía al de la lumbre, a ti no. Te lo dije, no me hiciste caso. Te entiendo, no creas. Debiera haberlo expresado mejor, pero no pude, tú ya no podías verme; no bastó con hacer que te toparas con aquel libro de esoterismo. Te merecías más, siempre. Tendrías que haber seguido yendo a contemplar arte, cuánto te gusta, con esa cara de detective inglés que se te ponía, intentando vislumbrar el sinfín de elucubraciones que, según tú, se escondían tras los retratos de Velázquez. Yo nunca supe apreciarlo. Tú lo sabías todo. Dejaste de comprar jamón y de saborear el regusto salado que queda en la lengua. ¿Y los amigos? Desapareciste. También te repitieron lo mismo. La vida está ahí. En tus paseos en bici, en los ojos de tu madre, en la conversión de esdrújulas en llanas mientras hablas. En los tubos de ensayo, en las historias y personajes que imaginas. Escribías bien, nunca lo creíste. Te agobiabas, creando más con mirada de crítico que de soñador. Buceabas entre arabismos y tenías que encajar “tus” sustantivos preferidos: rocío, arrecife, alameda… Vivías de lúcidas frases inopinadas. Te sobraban imágenes y te faltaba poesía, quizá eso fuera lo bueno. Me gustaba tu pose elegante al acabar un cuento, nunca de “artista”, no querías perder tu llaneza. Te recuerdo mordiéndote el labio. ¿Qué pasó con el jazz… y el flamenco? Prometiste, sin convencimiento, alquilar aquel apartamento “modernista”, ¿era así?, cuando cobraras tu primer sueldo. Luego estaba el cine, ¡empezabas la escuela en octubre! Aquellas noches fueron las más felices, cuando veíamos abrazados dos o tres películas seguidas. Te influían, y deseabas ser médico, o periodista, o asistente social. Tenía que haber ido, pero los de aquí no podemos… Decirte de nuevo, no sé, lo de siempre… En los brazos de otros hombres, en la mugre de la cocina, en el lunar entre tus pechos, en el sexo que no pude darte. En las playas gaditanas, en los niños, en las actuaciones estelares de actrices en blanco y negro... no sé, en todo lo que te gusta… No me mires así. Perdona que te regañe, amor, pero es por tu bien…

Y gracias por cuidarme el último mes, claro. Estuviste hasta el final. Esto está bien, no es como contaban, aunque yo nunca creí nada… Hay edificios de esos que te gustan, ya verás, y por las noches se oye flamenco… Dame un beso, ¿estás contenta? Aunque no lo parezca yo también lo estoy, mucho. Mucho… ¿Sabes?, el paraíso es demasiado aburrido si tú estás lejos. Tonta. Boba. Preciosa.



Lorenzo Pascasio
[1º Áccesit certamen de microrrelatos "El Brocense", Cáceres, mayo 08.]

Contraluz II

lunes 11 de agosto de 2008

Contraluz I

martes 5 de agosto de 2008

La habitación del hijo

Creo que no me equivoco al decir que este es uno de los dramas más humanos, tiernos, auténticos y comprensivos de los últimos años; un maravilla de cinta, vida en estado puro.